Los grises por Francisco Villaseñor
Entonces, habiendo cruzado el río, entre la desgracia y el horror, se tranquilizará. El panorama se hará más claro, el equilibrio se perturbará, y nuevamente las posibilidades se filtrarán por los poros de la realidad. Pensará con nostalgia sobre el tiempo. Los pocos meses transcurridos desde que el armisticio entre los vivos y el virus, el regreso a la normalidad, traerá consigo su esbozo de pax aeterna. La idea le causará náusea, aunque se consolará pronto. La tibia vida había vuelto, sí. Pero con ella también, ardientes, las oscuridades del tacto. Ella las había encontrado, hermosas, inevitables. Las había nutrido, las había procreado en silencio. Entonces, finalmente, será tiempo del desorden, el crisol natural. Se cubrirá la boca, no para disfrazar su llanto, sino para ocultar una sonrisa ligera, tranquila, curiosamente análoga a la de los grises. Aquellos que solo quieren comer, dormir y matar. * * ...