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Los grises por Francisco Villaseñor

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  Entonces, habiendo cruzado el río, entre la desgracia y el horror, se tranquilizará. El panorama se hará más claro, el equilibrio se perturbará, y nuevamente las posibilidades se filtrarán por los poros de la realidad. Pensará con nostalgia sobre el tiempo. Los pocos meses transcurridos desde que el armisticio entre los vivos y el virus, el regreso a la normalidad, traerá consigo su esbozo de pax aeterna. La idea le causará náusea, aunque se consolará pronto. La tibia vida había vuelto, sí. Pero con ella también, ardientes, las oscuridades del tacto. Ella las había encontrado, hermosas, inevitables. Las había nutrido, las había procreado en silencio. Entonces, finalmente, será tiempo del desorden, el crisol natural. Se cubrirá la boca, no para disfrazar su llanto, sino para ocultar una sonrisa ligera, tranquila, curiosamente análoga a la de los grises. Aquellos que solo quieren comer, dormir y matar.   *          * ...

El Abismo canta por Francisco Araya Pizarro

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  El mar nunca fue silencio. Solo los hombres olvidaron cómo escucharlo. Durante siglos, el océano fue una frontera: un espejo que devolvía el rostro del miedo. Los Aéreos flotaban sobre sus restos, refugiados en colonias que se movían con el viento. Los Pelágicos, en cambio, respiraban bajo las mareas, entre corales que latían como corazones. Dos humanidades separadas por una pared líquida, dos versiones de la misma historia, dos cuerpos que habían dejado de reconocerse. La doctora Nayra Thorne siempre había sentido que su cuerpo estaba hecho para descender. Mientras otros miraban el horizonte buscando un cielo limpio, ella miraba hacia abajo, hacia la espesura azul donde las cosas se disuelven y los límites se confunden. Era genetista en Atlas 7 , una de las últimas ciudades flotantes del hemisferio sur, una catedral blanca sostenida por turbinas y oraciones. Su proyecto era sencillo en apariencia: recuperar ADN de especies marinas extinguidas. En realidad, era un intento po...

Postal de la tríada oscura por Demián Andreñuk

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  Ella está inmóvil devorada por la noche. Su interior de cueva fría ha invadido su rostro. Tentáculos envejecidos agonizan bajo su disfraz. Todavía ensimismada en su trono de sombras prematura y repulsivamente huele a carroña. Como un escorpión que se ahoga en su veneno. Como una prostituta que llora ultrajada. Como un búho que se muere en lo más sucio de un templo profanado. Como una mujer lúgubre y vulgar que se desnuda ante unos ojos de serpiente.   Percibe el amor que le falta en la sangre. La elevación azul que nunca ha conocido.   Sin presas para hechizos oscuros: nadie para desgarrar. Todo el invierno se le junta en el pecho. Es grotesca y fantasmal su sonrisa desteñida.   Sólo ve cuervos y huesos partidos. Ahora cosecha delirios que la ahorcan y un viento enrarecido que la desvanece.

SETENTA AÑOS Por Omar Rosa González

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Setenta años, esa es mi edad; soy mitad hombre, mitad máquina, estoy solo, aunque viva entre muchos robots, algunos de última generación. Siempre he querido viajar; ahora estos terrícolas que se han hecho poderosos aquí vendiendo fritura en cápsulas están promocionando viajes. Es mi oportunidad; voy a La Tierra; tanto se habla de allá, ardo en deseos de conocerla. Tuve que usar una vieja plataforma de ellos, Facebook, para obtener los pasajes; qué complicados son. Yo, un robot con un celular en la mano para mostrar el pago del pasaje, por cierto, en una nave de segunda o tercera, con paradas interestelares. Desde que monté, comencé a sentirme un poco terrícola; me colocaron un cinturón de seguridad, los asientos estaban dispuestos de forma similar a los camiones adaptados para tirar pasajes en algunos países pobres de América y África; claro, me documenté sobre el Planeta Tierra. Era muy importante ese problema de ambientación y adaptación; si por casualidad tocábamos tierra en uno...

El Omegalipsis de los cielos quemados al rojo vivo. por José Jesús Rodríguez Velázquez

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  Los cielos de las máscaras quemadas al rojo vivo, caen en las ígneas rosas de aquel infinito tablero, en el que la llegada del sol forastero, pone de cabeza a los hombres que emanan del corazón justiciero. Es 7 de octubre del 2033, hoy la función de lucha libre, es en homenaje a los tres inmortales del anillo que lucharon contra contrabandistas, carteles del narcotráfico, mafias internacionales, tecnócratas que enloquecieron por el poder de ser portadores de auroras, de  la teoría cumple su misión en las moléculas del ADN, ahí están todas las escaleras de los 33 cielos, en donde se subieron para coronarse los faraones antes de ver la extinción del sol en África, como le sucede cada dos mil millones de años. Estoy caminando por la megalópolis de México, hace tanto tiempo, que no se tenía una función de lucha libre entre dos titanes que parece provienen de las guerras del cielo, su libertad es quemante y su verbo es inextinguible. El frio de la noche me hace sentir vivo, cuant...