El Omegalipsis de los cielos quemados al rojo vivo. por José Jesús Rodríguez Velázquez
Los cielos de las máscaras quemadas al rojo vivo, caen en
las ígneas rosas de aquel infinito tablero, en el que la llegada del sol
forastero, pone de cabeza a los hombres que emanan del corazón justiciero. Es 7
de octubre del 2033, hoy la función de lucha libre, es en homenaje a los tres
inmortales del anillo que lucharon contra contrabandistas, carteles del
narcotráfico, mafias internacionales, tecnócratas que enloquecieron por el
poder de ser portadores de auroras, de
la teoría cumple su misión en las moléculas del ADN, ahí están todas las
escaleras de los 33 cielos, en donde se subieron para coronarse los faraones
antes de ver la extinción del sol en África, como le sucede cada dos mil
millones de años. Estoy caminando por la megalópolis de México, hace tanto
tiempo, que no se tenía una función de lucha libre entre dos titanes que parece
provienen de las guerras del cielo, su libertad es quemante y su verbo es
inextinguible. El frio de la noche me hace sentir vivo, cuantos cielos se han
vestido de las bóvedas celestes por la poesía que está escrita en el tribunal
del alma. El sol late en el pecho, los cielos estrellados son el techo, las
espadas del tiempo son la visión que programa el inicio de los reinicios del
tiempo, el aire del cielo tan frio, carga las salidas de emergencia de la
impetuosa sentencia escrita en la advertencia, en los millones de centígrados
que al tiempo enfrió.
Entro a la tribuna, se oye en todo el recinto de la
geometría sagrada, los aplausos, los ecos, las canciones de la entrada
principal, el tiempo corre en los relojes de los murmullos que se convierten en
arquetípicas voces, salen por las inmensas galerías de las gradas de los grados
de los teatros eternos, los dos colosos en pánico esto lo hacen para ajustar
viejas cuentas, ya que el precio a pagar por ser libre tiene sus altibajos
desde la tercera guerra mundial, ambos saldrán a luchar por medio de unas secretas
operaciones mentales dirigidas por las supercomputadoras alienígenas de la liga
de mesías electrónicos.
Estos titanes han tocado el fuego de la eterna promesa,
quemándose en los pagos de las retribuciones de la tribulación cósmica de lo
que se vivió antes del plenilunio en los salvajes duelos que se llevaron a cabo
por las brumas borrascosas de las mares bravías en los ojos del desvelo entre
el pacifico y el atlántico entre las tres potencias de los imperios inmortales
de las máscaras de China, de la fingida amistad del oso polar de Rusia y de la
democracia que en su juicio de autocracia innombrable de tecnócratas,
empresarios y marcas registradas nunca existió, parece que todos querían
moverse en la noche de la eterna noche de las eternas noches de los especímenes
en extinción.
En el lado de la potente humanidad estaba el mago Aztetoltekranes, su máscara contenía
una boda en las estrellas de dos novios de origen del año cero, su capa tenía
un volcán de amor estrictamente reservados a los cultos de las civilizaciones
antiguas, en el cielo sobrevolando un águila plasmada en los murales de los lagos
del eterno ensueño, las aguas mansas tenían miles de cisnes, la capa de color
azul índigo junto con los pantalones que tenían tres pirámides ciclópeas en la
parte de las rodillas y las piernas, del bando enemigo, provenía de los avernos
atómicos, de las explosiones de las guerras nucleares, su piel una simbiosis de
dioses destructores de universos y de destructores de sistemas, había
atravesado los cielos quemados al rojo vivo, su máscara contenía espejos que
humean, sus mandíbulas destructoras d almas y de sueños, su capa parecía las
alas de los arcontes más despiadados de la tecnología secreta de la sexta
dimensión que habían pervertido a los faraones con sus formas espantosas sin
fin de seres azules, su capa estaba tejida en los mares plutónicos con las
figuras extrañas de las caras demoniacas de la lívida sonrisa del aleteo de los
arcontes, él era aquel Necronauta Tezernarcotitlancalli.
Réferi
—Lucharan a solo una caída en el
Eón de los eones celestiales, por el bando técnico y de la justicia
Aztetoltekranes y del bando adversario tenemos a Tezernarcotitlancalli.
El mago, rompiendo los discursos de la oratoria de las
leyes draconianas, porta la máscara del imperio azteca, él está deshaciendo los
carros del odio de las dictaduras de la sinarquía de carteles bancarios, porque
se va por las paredes del tiempo del sueño oculto de los toltecas y se alinea a
los círculos de la inflación eterna del año cero, al elevarse en los cielos
arquetípicos. La Madre de todos los Arquetipos, es la que abre de las puertas
maternas la visión en los cielos estrellados de aquel anti universo gemelo que
corre en el tiempo al revés reproduciendo millones de poderosas explosiones que
hacen que regresen cada eterno día al primer día de la explosión del tiempo
inicial, en los relojes de la sincronía de los tiempos al revés.
El poderoso hombre que desafío la vigencia de los
imperios del tiempo, sabía que existían líneas de las leyes de los eternos
círculos en el anillo de la lucha libre. Las luces y los colores eternos de la
escenografía caen como un rojo telón de fondo, ambos luchadores comienzan a
matarse en una eterna lucha a una sola caída en la esfera primordial, en el
anillo del cuadrilátero, pelean en todos los siglos del apeiron formulado por
Anaximandro, dan volteretas, se aplican llaves, se muerden los cuerpos y las pieles
como historias dentelladas por las mandíbulas destructoras de almas y de
sueños. Se suben en un estilo aéreo, se lanzan con las patadas infernales que
truenan en los tórax de ambos adversarios, se aplican llaves, se destrozan las
cabezas con violentos martinetes de muertes reprogramadas en el Año cero,
formulan la victoria a bese de series de puñetazos, se desgarran las pieles
como las máscaras, se muerden las máscaras, se aplican la de a caballo, llave
contra llave, se fueron hasta el principio, se alargaron a puñetazos en lo
eterno, no creían ambos en la voluntad divina, imaginaban el universo como una
eterna batalla cósmica entre el bien y el mal, sus voces llenas de
continuidades y obscenidades resonaban como los puñetazos que se daban en la
cara, el abdomen, en el tórax y en el cerebro.
Tezernarcotitlancalli jugaba su ajedrez, lanzando cubos,
en los que abría portales de agujeros de gusano, en los que entraba y salía
dándole topes con la cabeza, puñetazos, patadas, lances y aplicaba martinetes
contra el estoico luchador Aztetoltekranes, lo enviaba al suelo con una lucha a
ras de lona, ambos combatientes rodaban en un teatro de tribunales especiales
hechos en minutos en este anillo del cuadrilátero, sus golpea arreciaban contra
la tribuna de los mitos, imponían nuevas teorías a la ciencia, para el réferi por la velocidad que tenían
en sus ataques y defensas de autonomía, era verlos viajar un millón de años al
futuro hacia adelante y tres millones de años hacia las edades del pasado hacia
atrás.
Tezernarcotitlancalli:
Morirás en los cielos de la velocidad, conocerás en toda esta realidad,
los puños de los destructores de sistemas,
rompiendo las leyes ligadas a los anatemas, porque
los asesinos del tiempo son los dueños de las estratagemas.
Al terminar de recitar esto Tezernarcotitlancalli, saco
cubos satánicos que lanzaba como meteoros que escupía del tiempo, lanzaba
millones de montañas de estrellas minúsculas, redoblaba los poderíos de los
tiempos que corre al revés, daba puñetazo, le aplicaba mortales llaves a su
adversario, le daba con todos los carros del odio pero ni así podría vencer a
nuestro majestuoso y supremo héroe hipersónico en esta noche alrededor del
mundo, millones lo veían por televisión de cable por tv de paga.
Aztetoltekranes:
Los murmullos de las voces, miden el tiempo como relojes
veloces, mentes frenéticas en la revelación del ajedrez,
el tiempo es tu juez.
Al terminar de recitar
su poesía para invocar los símbolos de la tecno teogonía y la tecno magia del
verbo, el cielo se volvió un blanco resplandor, del cielo salieron millones de
entidades demoniacas, arcontes que volaban y plagas demonios que giraban en los
círculos de los avernos atómicos, aunque del cielo, las letras de las silabas
primordiales de las palabras de la poesía Aztetoltekranes, se elevaron millones
de dioses que salían de los portales espadas de tiempo empuñadas en los canales
del Código de Dios, y ahí se elevó con torbellinos de huracanes con los que
golpeaban con puñetazos de oro y carmesí a su adversario, los doblaba en los
aires, los demolía con sus puños, le arrancaba las pieles porque ya había
perdido su alma, lo atrapo en los dramas cósmicos, en donde lo tomo como un
gigantesco cometa, que lo arrojo hacia el suelo de cara, para golpearse y
romperse los dientes al golpear con el piso, después se les lanzo en la espalda
tronándole todos los huesos y las vértebras de la columna vertebral, así ya lo
tenían rendido, todo el público emocionado gritaba uno por el cielo, dos por el
suelo y tres para vencerlo en una sola caída. Eso es todo, el escenario
desaprecio, el público se desmorono, el cuadrilátero se hundía por los sueños
del cuadrilátero, la liga de mesías electrónicos explotaba en trillones de
piezas en el Omegalipsis de los cielos quemados al rojo vivo.
